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Actualidad, Mariano Rajoy, Política, política española, Reflexiones
Ni la crisis mundial, ni las torpezas de Zapatero y sus ministros están sirviendo al Partido Popular para alcanzar su objetivo, ganar las elecciones generales. Mariano, con la misma autoridad que Groucho, se está dejando desmontar, trozo a trozo, como el tren de los hermanos Marx, cuya caldera era insaciable. Un pasito para delante y dos para atrás. Y eso que navega con el viento a favor de las hipotecas tóxicas y los resoplidos del Plan E y sus despilfarros. En cada estación sale uno chamuscado. Que si Camps, que si Costa, que si los Gürtel y compañía. Los que no se le achicharran por la corrupción, se le queman ellos solitos, a lo bonzo, como Gallardón con sus Olimpiadas imposibles. A este paso va a acabar deseando a Pepín, que hizo el Curso Avanzado de Fotografía impartido por Alfonso Guerra. El que se mueva no sale en la foto. Pero a Mariano se le mueven todos, incluso el caballo del retratista. Él sigue impasible, con cara de Buster Keaton en el Maquinista de la General. Su locomotora y Cospedal son sus dos amores. Avanza impertérrito mientras su propio ejército le sabotea las vías. ¡Sonría por favor! El tren ya ha llegado a su destino. Y no es presisamente la Moncloa.

El otro día tuve que ir a renovarme el carnet de identidad, con la suficiente antelación. Me han dado número para dentro de tres meses, cuando mi carnet ya estará caducado. Mi mujer, ciudadana comunitaria, también dentro de plazo, acudió hace unos días a renovar su tarjeta de residencia, y le han dado cita para dentro de dos meses, cuando la tarjeta ya no tendrá validez. Hasta hace poco, el sistema en el lugar desde el que hablo, Mijas y Fuengirola, era distinto. Para solicitar estos documentos (D.N.I., N.I.E., o tarjeta de residencia comunitaria) bastaba llegar a la Comisaría a las cinco de la madrugada y ponerse en una cola donde ya había varias personas, generalmente extranjeras, sentadas sobre una silla de playa y bebiendo café de un termo. Tras una larga espera de cuatro horas, venía un Policía Nacional, entrado en años, con muy malas pulgas, y repartía los cincuenta números diarios. El quincuagésimo primer administrado se quedaba fuera del lote. Mala suerte. Solías terminar la gestión a eso de las doce, con cara de sueño, y agradeciendo, pese a todo, no vivir en un país tercermundista, porque si esto es así aquí, que no sería en un país centroafricano. Respirabas verdaderamente aliviado, como cuando terminabas de hacer un examen.
¡Qué le vamos a hacer José Luís! Te ha ocurrido como con la fotografía de tus hijas. ¿Tú que ibas a saber? ¿Cómo podías tú suponer que el disfraz de tus hijas iba a causar tan repercusión mediática? Tú entraste en política imitando a Felipe González delante del espejo, quizá pensando en que una vez que asomas la cabeza por la Historia, ya todo es remar a favor de corriente, siempre habrá una mitad de España que disculpará tus errores. A tí te habían dicho que gobernar era eso: hablar pausadamente, no entrar en profundidades para no ahogarse, y mentir mucho, aprovechando el Alzheimer permanente que sufre la sociedad española. Pero nadie te habló de la crisis financiera, de la refundación del capitalismo, del G-20, de las hipotecas tóxicas, las subprimes, que llegastes a pronunciar sin saber ni papa de inglés. Ya ves, la Historia no te hará ese hueco que tú pensabas. Delante de tu espejo, donde imitabas a Felipe, no hay lugar para un estadista, que sea a capaz de tomar decisiones beneficiosas por muy impopulares que parezcan. ¿No oíste nunca hablar de Charles de Gaulle? Pregúntale a tu amigo Nicolás, ese que va diciendo que no eres muy inteligente. De Gaulle, en momento de crisis social, convocó un referendum y condicionó su continuidad al éxito de la consulta. Perdió y se fué. ¿No crees que ya es momento de plantearte que no estás capacitado para gobernar España en tiempos de crisis y hacer lo que haría un verdadero estadista como de Gaulle? Sencillamente irte. No te faltarán Consejos de Estados ni Consejos de Administración de Carrefoures donde cobijar tu sobrada experiencia política y sacar un jornal para tu casa. En algo te voy a dar la razón. Dejar a España en manos de Mariano y su banda no sería muy patriota. Tómate un respiro y pregunta a Pepín, que a la Salgado ya la has sacrificado, que de esta crisis sólo va a quedar la foto de tus hijas al lado de Obama.
Hace unos días desayunaba con la absurda noticia de que en Irán se había prohibido exhibir en escaparates maniquíes femeninos así como corbatas, pajaritas y ciertas vestimentas de corte occidental. No pude reprimir una sonrisa. ¿Tendrán los iraníes tan escasos problemas que se preocupan de asuntos tan nimios? Parece ser que el propio Ayatolah Jomeini dejó escrito en su testamento su deseo de reconquistar Al-Andalus lo que enlaza directamente con esa oleada de filoislamismo que se respira en ciertos lugares de España y que ha comenzado con la construcción de tesis revisionistas respecto a la Reconquista. Según algunos de estos iluminados fue, más que una liberación, una conquista y un genocidio. Eso sí, pese a lo que denuncian, quienes enarbolan la bandera revolucionaria del Islam se sienten descendientes de esos escasos árabes que se instalaron en la península. Sánchez Albornoz, en uno de sus ensayos, se preguntaba si estos adalides del fanatismo estaban financiados por Estados islámicos de marcado carácter confesional, como Arabia Saudí o Irán.