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Con el bochornoso asesinato de Gadafi desaparece uno de los secretos mejor guardados del socialismo panarábigo norteafricano: el nombre del sastre del dictador. Sería aconsejable, por la buena salud mental de la Comunidad Internacional, que el próximo sátrapa libio, ya que no es de esperar que respete los derechos humanos, sea al menos tan pintoresco como el defenestrado y pronto lo veamos desfilando por la pasarela de Cibeles, que bastante chándal hortera hemos tenido ya con Fidel Castro y Hugo Chávez.
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